José Luques, antes de conocer a Jesús, sufrió y pagó caro los errores que cometió: “siempre quería obtener dinero con facilidad, mi sueño era poner una empresa y como no podía, empecé a robar. Así, mi vida se convirtió en un infierno”, recuerda. Además engañaba a su esposa, y casi se separa. Fue preso, pero salió en libertad. Sin embargo, siguió robando hasta que lo sentenciaron a ocho años de prisión. “Todos me abandonaron, pero mi esposa estuvo junto a mí.

Estar detenido me hizo reflexionar, tomar conciencia del daño que había hecho a las personas, a mi familia y a mí mismo. Me hablaron del Señor Jesús y comencé a participar de las reuniones que se hacen en la cárcel. Cuando salí en libertad, primero agradecí a Dios y Él me dio una familia hermosa, conseguí un buen trabajo y puse en marcha el proyecto de mi propia empresa. Hoy soy feliz junto a mi familia”, finaliza emocionado.