“A los 14 años conocí lo que era un mundo de vicios y mentiras. En cuestión de meses me enredé en las drogas, fue por curiosidad que probé la cocaína. Esto me llevó a perder trabajos y a cometer varios errores como irme de mi casa, dormir en la calle y lo único que aprendí allí fue a robar. A los 16 años caí por primera vez detenido y desde entonces fueron más frecuentes las detenciones en diferentes comisarías. Mis padres todo el tiempo buscaban la manera de ayudarme, mi madre recurría a los curanderos y buscaba ayuda profesional, hasta que decidieron internarme en un reformatorio.

Con el tiempo mejoré y salí, pero volví a caer en lo mismo. Esta vez fue peor y me volvieron a internar, hasta me llevaron a vivir en el interior, pero no encontré una solución y así pasaron varios años de sufrimientos y enfermedades, donde intenté suicidarme al ver que no encontraba la salida que buscaba. Mi madre había probado de todo hasta que una amiga le habló de la Iglesia Universal. Allí comenzó a luchar por mí y al tiempo Dios respondió.

Llegué a la iglesia, y a la semana me propuse probar al Dios Vivo del que escuchaba hablar. Hice mi cadena, perseveré y así fue que me liberé, buscando a Dios.