De la cárcel a la felicidad

La familia de Salvador Ludueña estaba deshecha. Desde 1990 estaba separado de su esposa.
En diciembre de 2002 comenzó a vivir los peores momentos de su vida, cuando quedó detenido en el penal de Coronda, en la provincia de Santa Fe.

Privado de su libertad, en el año 2003 conoció la Palabra de Dios y desde ese tiempo comenzó a vivir y practicar la fe. “Leía la Biblia, ayunaba, oraba, me reunía con mis compañeros de pabellón para hablar de Dios, Él nos daba la luz que necesitábamos en esa horrible oscuridad”.

 

Poco a poco, empezó a notar que su vida iba cambiando. “Antes era una persona nerviosa, agresiva, no me importaban los demás, primero estaba yo. Pero después de conocer a Dios todo fue modificándose, yo le pedía a Él que cambiara mi forma de ser y mi corazón, y el Señor me iba moldeando día tras día” recuerda.
A fines del año 2008 conseguí lo que tanto deseaba: después de mucho tiempo obtuve la libertad condicional. En ese momento, Dios comenzó a reconstruir todo lo que había perdido, fui a la casa de mi ex esposa y logré, con el tiempo, la reconstrucción de mi familia.

Cuando el Grupo Carcelario de la IURD llegó y entró en el pabellón para traernos la Palabra, yo sentí la paz del Señor. Nosotros estábamos condenados no sólo por la justicia, sino también por la sociedad, era muy difícil pensar en el afuera, porque sabíamos todo lo que se hablaba de nosotros, muchos habíamos perdido hasta la familia y si no iba el Grupo a darnos la Palabra no teníamos a nadie. Cuando llegaban, se sentía que Dios mismo nos visitaba”.

Dios no sólo le devolvió la familia, la felicidad y la libertad, sino que en el año 2006, mientras se encontraba dentro de la cárcel, tomó la decisión de comenzar a estudiar para Técnico en Higiene y Seguridad Alimentaria. Actualmente está cursando el último año en la facultad y si Dios lo permite, este año se recibe.
“Dios cambió toda mi vida” finaliza feliz.